BOGOTÁ, Colombia — El pintor mexicano José Luis Cuevas se mostró dispuesto a levantar el veto que pesa en su museo sobre la obra del colombiano Fernando Botero (Medellín, 1932) si éste se disculpa o retracta públicamente de haber negado conocerlo hace algún tiempo.
El artista cree que Botero lo atacó para congraciarse con el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo, quien le había abierto las puertas de su museo, acto que calificó como oportunista y traidor.
En recientes declaraciones al diario bogotano
El Tiempo, Cuevas trajo a colación que Botero negó conocerlo una vez que expuso su obra en el museo Tamayo, a pesar de que él, según contó, fue quien le aconsejó pintar gordos al inicio de su carrera, lo que explica el veto.
De visita en Bogotá, Cuevas participó el fin de semana en el festival cultural de la revista literaria
El Malpensante.Si Botero se disculpara o retractara públicamente, ¿accedería a mostrar su obra en su museo?Claro, por supuesto, y además podría cambiar la opinión que tengo de él, que nada tiene nada que ver con la obra en sí, sino por algo verdaderamente inesperado: haber llegado a mi propio país para atacarme.
¿A qué atribuye ese comportamiento de Botero?Él llegó a México para exponer en el museo Tamayo. Era conocido el hecho de que yo no tenía una muy buena amistad con Tamayo, había habido siempre una pugna entre ambos, y me imagino que pensó que hablando mal de mí iba a quedar bien con Tamayo.
En esos días, curiosamente, yo tenía que venir a Colombia. Vine y acá fue donde ataqué por primera vez a Botero, porque me parecía que era una especie de traición la que había cometido; dije que su obra era repetitiva.
Sin embargo, uno de los méritos que puede tener Botero -y hay que reconocer los méritos incluso de nuestros antagonistas- es que de alguna manera ha permanecido fiel a una figuración, no ha querido caer en las modas ni mucho menos.
Dicen que a palabras necias, oídos sordos. ¿En algún momento pensó en darle una bofetada con guante blanco? No, pero sí contestar si él me estaba atacando de esa manera, simplemente contestar.
Lo que él no sabía es que en la pintura mexicana ha habido una tradición de polemistas; los mexicanos hemos sido muy buenos para la polémica en cuestiones de artes plásticas.
Lo fue Diego Rivera en su tiempo, era un hombre que cuando daba una conferencia decía cosas interesantes. Tenía fama de mitómano, inventaba mucho de lo que decía, pero al mismo tiempo era un tipo que, por lo menos una vez a la semana, protagonizaba unos pleitos fantásticos con algo, en busca de propaganda.
La publicidad no hay que desdeñarla ni mucho menos, porque si me hago publicidad a mí mismo, le hago publicidad al arte en general, para que los medios no sólo se ocupen de los futbolistas o los cantantes populares; también deben ocuparse del arte con mayúsculas.