Una pequeña nota que apareció, no hace mucho, en varios periódicos, informaba sobre el arresto en México de un cura católico llamado Gerardo Beltrán. Este sacerdote estuvo sirviendo en la diócesis de Sacramento, California, entre 1989 y 1991 cuando surgieron acusaciones contra él... eran denuncias de abusos de menores. Se fugó a México y ni la diócesis ni su orden de curas dieron información sobre su destino. Las autoridades de Sacaramento sentaron orden de arresto desde ese entonces.
Lo interesante es que cuando lo aprehendieron estaba trabajando de cura en México, lo arrestaron y sería deportado a EU para defenderse contra sus acusadores.
Esa vuelve a ser la misma historia del clero católico, nunca saben nada y nunca denuncian a uno de los suyos por abuso sexual a niños, niñas, hombres o mujeres. Se tapan con la misma colcha y prefieren pagar millones de dólares a las víctimas y a sus abogados que admitir su culpabilidad. Ni dinero de ellos es, porque el pueblo cada domingo, como limosna, les da sus billetes y monedas bien ganadas por trabajo honesto con sudor y esfuerzo.
La Conferencia Nacional de Obispos Católicos ordenó un reporte interno sobre estos abusos entre 1950 y 2002. El autor del reporte, John Jay, produjo información de 4,392 casos de abuso sexual por curas, solamente en EU. Esta cifra representa el 4 por ciento de todos los sacerdotes en el país.
El caso del cura Beltrán, arriba mencionado, es catalogado incidente no hay convicción final de abuso. ¿Se imaginan cuántos casos más puede haber? Sabemos que los altos funcionarios católicos no admiten ningún problema, y hasta esconden o transfieren a sus curas malhechores y perversos.
Pregunto porque se me hace muy raro que entre latinos no leamos de incidentes de abuso. Yo desconozco una víctima latina, menor o mayor de edad, con quejas de abuso por parte de un cura.
¿Será que no ocurrieron estos abusos por los curas en nuestras parroquias? ¿Será más probable que los latinos no se quieren quejar del abuso?
Sylvia Demarest, una abogada con la que comparto edificio, a fines de los años 90 demandó a la diócesis de Dallas, por las perversiones del cura Rudolph Kos contra varios niños, ya hombres para 1997 y obtuvo 31 millones de dólares en compensación por el abuso. Ella me preguntó en aquel entonces por qué los latinos no se quejaban del abuso de los sacerdotes. Yo dije “pues tal vez no sean abusados”. Ahora veo que en mi respuesta había un implícito cinismo.
La Iglesia Católica ha pagado sumas increíbles, millones de dólares, para cerrar estos casos contra sus curas. En Los Ángeles la diócesis pagó 720 millones entre 2006-2007; en Boston pagó 85 millones en 2003; en Phoenix pagó 100 millones en 2006; en Louisville pagó 25.7 millones, todos por compensaciones a víctimas de abuso por sacerdotes.
En unos sitios como Portland, Davenport y Las Vegas las diócesis católicas han tomado la vía de la bancarrota para evitar pagar compensación a las víctimas. ¡Sinvergüenzas!
Esta epidemia no tiene fin y es global. Los latinos también han sido víctimas pero por la vergüenza del abuso, el miedo de ser excomulgados y el temor de ofender a las autoridades eclesiásticas siguen siendo víctimas y no buscan compensación ni acusan a sus violadores.