El encabezado no se refiere a una campaña publicitaria. Alude —otra vez la burra al maiz— a la actitud de nuestras autoridades, que si se merecen un calificativo es el de oportunistas. En efecto, en el tema de los paisanos, parece que sólo se acuerdan de ellos en ciertas temporadas: al inicio de la primavera —para las vacaciones de Semana Santa y Pascua—, en el verano y el invierno.
La razón es sencilla: coincide con las fechas en que los jaliscienses que radican en EU se dan una escapada de sus obligaciones cotidianas para volver a la querencia, para visitar el terruño, a los parientes y a los amigos. Y si les da por hojear el periódico se sentirán muy contentos de que el gobierno se acuerde de ellos —o al menos eso han de pensar los burócratas de estos andurriales.
Nada más por eso no deberíamos referir el alud de actividades y proyectos que en los últimos días los poderes ejecutivo y legislativo y las autoridades federales han difundido por distintos medios. Sin embargo, hay que reconocer que, a pesar de tan execrable oportunismo, llevan su carga positiva y sobre ello hablaremos brevemente.
Mencionaré, en primer lugar, el Programa Paisano, que coordina el Instituto Nacional de Migración Delegación Jalisco. Ya forma parte de la rutina burocrática, y cada que se celebra —tres veces al año— no nos enteramos de nada nuevo. Pero en esta ocasión, la Comisión de Asuntos Migratorios del Congreso del Estado propuso que se buscara la certificación del Programa.
¿La intención? “Integrar todas las acciones gubernamentales dentro de los esquemas de calidad total para brindar un mejor servicio al ciudadano que visita el territorio nacional, además de reducir al máximo la corrupción”, reza la propuesta de la Comisión. Se pretende, continúa, “la mejora en la calidad de los servicios a nuestros paisanos que nos visitan”.
Que sea para bien.
Por su parte, la Comisión de Hacienda y Presupuestos anunció cambios en las reglas de operación del Programa Tres por Uno, con lo que el gobierno del estado aumentará sus aportaciones hasta un 50 por ciento del valor de las obras a realizarse, y tanto los municipios como los miembros de los clubes de migrantes reducen su participación al 25 por ciento cada uno.
Lo anterior, más que considerarlo como una disminución en los recursos que aportarán los paisanos, habría que pensarlo en el sentido de que la cantidad de las donaciones elevarán el porcentaje de la contribución de los gobiernos locales, en beneficio de la comunidades expulsoras de migrantes. Buenas noticias, ¿verdad? Aunque sólo se trata de una pequeña parte de lo que quería informar.