El cierto que no se debe estigmatizar a la UNAM o a cualquier otra institución educativa mexicana por el hecho de que se haya descubierto la presencia de estudiantes o ex estudiantes universitarios mexicanos en el gravísimo incidente ocurrido hace unas semanas en Ecuador, cuando las fuerzas armadas colombianas bombardearon un campamento guerrillero, que dejó como saldo la muerte de más de 20 personas, entre ellos el segundo hombre en el mando de la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Sin embargo, no puede una escapar a la sorpresa de enterarse de la presencia de una mexicana en el incidente, quien sobrevivió al ataque y estaba herida recibiendo atención médica en un hospital de Ecuador; posteriormente fue fluyendo un poco más de información y se supo que podrían haber más mexicanos en el campamento, toda esta información vino, por supuesto, por parte de las autoridades ecuatorianas, pues de lado mexicano el mutismo fue casi absoluto.
Solamente la UNAM se pronunció públicamente mediante un comunicado por escrito externando su “preocupación” por el destino de los posibles estudiantes que podrían haber estado en el lugar del incidente.
Al momento de escribir esta columna en todos lados se escuchaba hablar de Lucía Morett Álvarez, a quien los medios de comunicación identificaban como estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y quien al parecer fue la fuente de donde surgió la información que revela la presencia de más mexicanos en el sitio de los hechos. Al menos tres de ellos ya fueron identificados públicamente por autoridades ecuatorianas y mexicanas.
Por supuesto que la pregunta obvia es ¿qué hacían estos mexicanos en el campamento de la guerrilla más sangrienta y peligrosa que de momento se conoce en América Latina?
El padre de Lucía, un investigador de la Universidad de Chapingo (institución conocida por un gran activismo político) negó que su hija tenga nexos con la guerrilla y aseguró que estaba en Ecuador participando en un congreso académico.
Pues debe haber sido un congreso muy “especial”, pues permitió a Lucía y a los demás estudiantes mexicanos tener acceso directo a uno de los cabecillas de la guerrilla colombiana que, por más de 40 años, ha azotado a ese país con actos de sangre y secuestros, las FARC.
En momentos en que está presente el proceso mediante el cual las FARC, a través de la intervención del presidente venezolano Hugo Chávez, liberaron a varios rehenes colombianos bajo un estricto operativo de seguridad determinado por los guerrilleros, resulta impresionante que una sencilla estudiante universitaria, como quieren hacer creer que es Lucía Morett Álvarez haya podido llegar hasta uno de los más importantes líderes del movimiento armado.
Más que suspicacias, se ha desatado en la opinión pública una serie de cuestionamientos e informaciones respecto a la presencia de las FARC en México, lo cual –por otro lado- no es ninguna novedad.
Lo que sí es serio y requiere de una amplia investigación y de respuestas claras, es la participación o posible participación de jóvenes mexicanos con las FARC; concretamente es importante saber hasta qué punto pudiera estar este movimiento guerrillero presente o infiltrado en la máxima casa de estudios del país, la UNAM.
Rocío Ortega periodista mexicana. Para comentarios: reportemex@hotmail.com.