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El barrio de moda en Nueva York no está en Manhattan, sino en el corazón de Brooklyn. Al otro lado de río Este, Williamsburg fue elegido por la comunidad chic de La Gran Manzana para sustituir a zonas como East Village y SoHo.
Una atmósfera bohemia y sofisticada remplazó la ostentosa pomposidad del sur de la isla, y ahora en este barrio se localizan galerías, restaurantes de vanguardia y tiendas de diseño que acarrean una exquisita horda de fashionistas.
Cercado por los vecindarios industriales de Greenpoint y Bushwick, Williamsburg se divide en norte y sur por la calle Grand. De ahí hasta la entrada del puente homónimo que lo conecta con Manhattan, enormes bodegones comparten espacio con pequeñas comunidades de inmigrantes. Desde hace una década, muchos artistas arrendaron estos espacios como estudios, lo que paulatinamente hizo crecer la comunidad creativa de la zona. Pero el barrio ahora está poblado por profesionistas jóvenes con ingresos lo suficientemente altos para tener un estilo de vida relajado y exquisito.
Para Robert Lanham, editor del sitio freewilliamsburg.com, el sector no ha perdido su espíritu de comunidad a pesar de la atención que ha generado. Es la calidez humana, advierte, lo que básicamente distingue a Williamsburg de los barrios excesivamente comercializados de Manhattan. Hay un ánimo genuino de hacer de este vecindario un pequeño East Village, como lo era en los 60.
Al sur de Williamsburg reside una comunidad judía ortodoxa junto a una puertorriqueña. Al norte están las comunidades polaca e italiana. El este está ocupado en su mayoría por latinos y afroamericanos, mientras que en el oeste viven los neoyorquinos que huyen de los precios exorbitantes de las rentas en Manhattan.
Para llegar en transporte público a su centro, hay que tomar la línea L del Metro y dirigirse a Avenida Bedford. Otra opción es bajarse hasta Avenida Lorimer, pues ambas estaciones dan acceso a la calle Grand, donde se concentra la mayor parte de los restaurantes y bares del vecindario.
Aunque se trata de un barrio residencial, las opciones para el turista urbano joven son innumerables, de acuerdo con Ricardo Buitoni, chef y propietario de Aurora, un restaurante italiano sobre Grand y Avenida Wythe que ha generado el interés de los críticos culinarios locales.
Williamsburg es uno de los secretos menos guardados de Nueva York, asegura Buitoni, pero aunque la moda llevó ahí a muchos fanáticos de la cocina de autor o de exposiciones de arte emergente, aún no ha cautivado al turista promedio.
Williamsburg todavía ofrece una experiencia muy local de Brooklyn, al mismo tiempo que encara al extranjero con el lado más seductor de la ciudad, especialmente en su vida nocturna, pues cuenta con una oferta que supera el centenar de bares de Manhattan.
A la vuelta de las casas victorianas que se apretujan en sus angostos callejones, los vecinos se reúnen a tomar unas cervezas en bares de culto, como Lona, que ocupa una casona del siglo 19 en la esquina de Grand y Bedford, o Bembe, que se ubica en el edificio de una fábrica abandonada en la Sexta Avenida.
Las galerías locales también son una parada obligatoria en el recorrido por este barrio. Sobre la Sexta, el bar Galápagos es un espacio dedicado al arte de vanguardia, pero hay lugares con diversión más excéntrica, como los de espectáculos de burlesque y lucha de mujeres en lodo.
Restaurantes top
La crítica gastronómica, que siempre alaba la escena culinaria en Williamsburg, coincide en señalar tres restaurantes como los mejores del vecindario:
- Zipi Zape, en la Avenida Metropolitan 152, ofrece comida española, en su mayoría tapas, pero al más puro estilo vanguardista.
- Aurora, en la calle Grand 70, sirve comida regional del norte de Italia con el toque clásico de la cocina rústica.
- Diner, en Broadway 85, con comida típica de Estados Unidos, como hamburguesas y papas fritas, en una versión más estilizada y casual.
Al otro lado del puente
Olvídate de los rascacielos. Brooklyn se ha transformado y hoy concentra un espíritu cosmopolita.
Cuando tu "yellow cab" abandone el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, dile al conductor que se olvide de cruzar el puente para llegar a Manhattan y que tome el camino más corto rumbo a Brooklyn.
El encanto de este distrito, en el que nacieron Woody Allen y Al Capone, radica en su atmósfera de intimidad. Se trata de un barrio que los propios neoyorquinos desean mantener en secreto, como su tesoro, pero que se ha convertido, a decir de ellos mismos, en el "nuevo Manhattan".
Aquí las compras se realizan en la calle Fulton Mall, que reúne tiendas como Toys ’R’ Us, Macy’s, Fashion Avenue y Underground Station.
El recorrido sigue por el bulevar Brooklyn Bridge, donde se erige el Ayuntamiento de Brooklyn Borough. Esta edificación es una de las más antiguas de la región, data del siglo 19. En sus escalinatas de mármol se llevan a cabo conciertos gratuitos, "farmer markets" y diversas actividades culturales.
Después, sigue por una vía pintoresca llamada Montague: pronto estarás rodeado de edificios de ladrillo, con balcones volados y sótanos a la vista. Esta calle presume decenas de opciones para consentir al paladar, que van desde la típica hamburguesa a los platos turcos más sofisticados.
Tras el almuerzo, continúa por Montague, que entre librerías, tiendas de ropa, estéticas y mercados de alimentos gourmet, te llevará hasta la zona conocida como The Heights. Las hileras de casas de ladrillo rojo se extienden a ambos lados de las calles, todas con sus accesos altos, herencia de la arquitectura victoriana.
Truman Capote, Arthur Miller, Marilyn Monroe y Bob Dylan forman parte de la larga lista de personalidades que han vivido en este barrio.
El porqué eligieron esta zona se comprende al llegar a la avenida que bordea el río Este, salpicada de bancas a todo lo largo del camino; novios que pasean de la mano, la suave brisa del río en el rostro y la Estatua de la Libertad a lo lejos, testigo mudo que lo contempla todo.
Desafía todos los clichés Este destino es un reto para los eternos enamorados de Manhattan. Todos aquellos que crean que más allá de la isla no hay encanto tienen que visitar esta urbe, que concentra, en unas cuantas cuadras, suficientes atractivos como para competir dignamente con la Gran Manzana.
Después de cruzar el famoso puente de Brooklyn, haz un alto y piensa: ¿Extrañas al Central Park, al MoMa? ¿Quieres descubrir algo completamente diferente que te seduzca por completo? Tranquilo, de este lado lo encuentras todo.
Prospect Park: paseos verdes e infinitos
En un área de 236 hectáreas se encuentra el gigantesco pulmón de Brooklyn, un parque que es espacio lúdico y cultural de miles de locales que llegan a él de todos los rincones de Nueva York.
Data de 1860 y fue creado por los arquitectos Law Olmsted y Calvert Vaux, los mismos que diseñaron el Central Park de Manhattan, y, al igual que este, es en su mayoría obra de la mano del hombre. Entre los gigantescos pobladores de este parque se encuentran cipreses, pinos rojos japoneses, sauces llorones, olmos y robles blancos, entre otros.
En el centro de Prospect Park se halla Ravine, el área que más conserva del terreno original donde se erige el parque, pues los arquitectos trataron de respetar la topología del lugar lo mejor posible. Prospect es también casa del Zoológico de Brooklyn, donde viven cientos de animales de 80 especies diferentes. Este 5 de octubre, el zoológico estará cumpliendo 15 años, por lo que diversos regalos serán repartidos entre sus habitantes.
Un paseo perfecto por Prospect Park concluye en The Peninsula, un terreno verde que se abre paso entre las formas caprichosas del lago y desde donde se contempla el paisaje con tal tranquilidad... que es difícil pensar que esto también es Nueva York.
El Jardín Botánico: refugio al natural
La avenida Flatbush divide a Prospect Park del Jardín Botánico de Brooklyn. Y, si aquel es como un oasis en medio de la ciudad, los jardines son definidamente el lugar donde habita la paz.
Justo después de la entrada se extiende el Jardín Osborne, que de mayo a junio se inunda con los colores provenientes de las azaleas, manzanas silvestres, glicinas y narcisos, que cubren dos hectáreas.
Pasando este punto, del lado derecho está el Jardín de Flora Nativa. Las hojas secas crujen bajo los pies de los paseantes en el otoño, y la vegetación se vuelve espesa. En el tronco de un árbol de haya americana han quedado marcados con navaja los nombres de quienes desean quedarse por siempre en este sitio, aunque sea como cicatriz.
La recompensa de explorar esta área está al final del camino, que conduce al viajero al Jardín de las Rosas, donde más de mil 200 especies de flores ofrecen su belleza en diferentes épocas del año.
Museo de Arte de Brooklyn: la vanguardia expuesta
A unos pasos del Jardín Botánico, sobre Eastern Parkway, se levanta un edificio de columnas jónicas que remite a la antigua Grecia. Sin embargo, la entrada de esta misma construcción tiene como techo una estructura de vidrio y aluminio que asemeja un platillo volador. Se trata del Museo de Arte de Brooklyn, y su fachada es sólo una probadita de lo que alberga en su interior.
El edificio, que hoy exhibe las miles de piezas de arte que conforman la colección permanente del museo, data de finales del siglo 19 y no siempre fue así, pues, donde hoy se encuentra el moderno pabellón de cristal conocido como Rubin, antes había una escalinata que daba acceso al interior. Pasado este punto, una serie de 12 esculturas del francés Augusto Rodin da la bienvenida. Las figuras expresan pasiones humanas atrapadas en bronce, como lo muestra el monumento a Balzac.
Destaca la colección de arte africano del museo, que reúne más de 5 mil objetos de las culturas zulu, yoruba y lele, entre otras.
La biblioteca pública: un amor inesperado
Invertir parte de tus vacaciones entre libros tal vez no te suene como un plan muy seductor, pero en Brooklyn piénsalo dos veces. De entrada, es imposible no mirar al edificio de la biblioteca, cuya entrada está flanqueada por dos enormes columnas adornadas en dorado con personajes míticos salidos de las millones de historias que viven en su interior a través de los libros. Tan sólo la puerta es una historia en sí misa, donde se aprecian ballenas, cazadores, liebres, barcos, lobos y cuervos, entre otras figuras que se antojan cartas de tarot. Sus designios están por revelarse.
Al pasar de este punto, te encuentras con multitudes que van y vienen, una cafetería y niños corriendo. Muy diferente a lo que imaginabas, ¿cierto? No debes perderte la galería de exposiciones temporales, que, hasta noviembre, muestra retratos de los habitantes de Coney Island y sus tradiciones. Y, ya que estás en la Biblioteca, aprovecha tu visita para echar una miradita al catálogo de publicaciones populares, donde encontrarás novedades editoriales de todos los géneros.