Reconoce su obsesión por el azar y los finales felices. "No soy nada dark", dice la escritora Ángeles Mastretta (Puebla, 1949).
En su nuevo libro,
Maridos (Seix Barral), el amor es una chispa que ningún dolor apaga. De Puebla a Mérida, y de la Ciudad de México al Líbano, los escenarios cambian, pero no el impulso de las mujeres que habitan las historias, "sobrevivientes" de relaciones amargas que han decidido andar su camino con alegría y con valor, dejando atrás las desventuras.
Sentada en su estudio, un espacio amplio, iluminado, que sólo comparte con unas violetas y un pez melómano,
Lápiz, que gira cuando la escucha cantar su mejor interpretación,
Arráncame la vida, Mastretta acepta que el azar es implacable y caprichoso para lo bueno y para lo malo, pero uno escoge cómo enfrentarlo.
Ella le plantó cara a los 16 años, cuando supo que tenía epilepsia, y lo aceptó cuando se dio cuenta de que sería escritora.
En su libro están, dice, las historias que le contaron sus amigas, las que escuchó y las que se inventó, historias que imagina como una conversación que busca mantener preso al lector y sorprenderlo.
Mastretta estuvo acompañada en su trayecto literario por su hija Catalina, de 20 años, con quien compartió muchas pláticas de sobremesa por las que transitaban sus heroínas; su marido, el escritor Héctor Aguilar Camín, fue quien la oyó quejarse cuando la narración no fluía.
Los finales felices, dice, le llegan sin querer, a eso la conducen sus
personajes: mujeres despistadas como ella misma, soñadoras, lúcidas, juguetonas.
"Creo en la alegría como algo que se busca, como una actitud de agradecimiento porque uno está vivo. Muchos de los finales felices los personajes los buscan, a lo mejor no duran para siempre, pero caminan hacia allá".
Ni una de sus mujeres se desvía de la ruta hacia la alegría, una decisión que Mastretta asume como deliberada, aunque la califiquen de
light."Uno tiene que ser fiel a sí mismo. Yo quiero contar historias de sobrevivientes; sé que esa misma historia podría convertirla en una catástrofe, pero no quiero. No tengo ganas de escribir de malas personas, no quiero".
Son personajes que no se torturan. Mastretta pasa por lo oscuro de las relaciones casi de puntillas. "Creo que soy más buena para librarme de los conflictos que para enfrentarlos; no es una cualidad ni un defecto, así soy".
- ¿Cuál sería su consejo para librarse de un mal marido?
- Salir corriendo... Hay que hacerse de una fortaleza interior. Muchas mujeres siguen viviendo con sus maridos cuando no los soportan porque tienen miedo; no digo que haya que ser valiente en todo, pero hay asuntos cruciales donde si uno es valiente una vez, la pasa menos mal el resto de sus días. Yo no tengo para nada la teoría de que todos los hombres son malos y las mujeres buenas; me parece que todos tenemos matices, pero me resulta muy difícil entender a alguien que vive con un hombre golpeador y no sale corriendo.
- De entre todos los maridos de los que escribió, ¿se cuidó de dejar a salvo el suyo?
- No, el mío está ahí por todas partes. De repente me dice: no creas que no me reconozco, y yo le digo: no creas que lo escribí para que no te reconocieras.
- Las esposas a las que abandonan sus maridos por otra mujer son muy comprensivas. ¿Pecan de indulgentes?
- A mí esa indulgencia me parece una forma de la inteligencia. ¿Qué tipo de agravio es que uno se enamore de alguien más? Si se enamoró de otra, alguien a lo mejor se enamora luego de mí otra vez. La vida da para muchas cosas.
Sí, hay mucha indulgencia, porque el ánimo vengativo da mucha flojera. Ya hay muchas telenovelas, un escritor tiene que ponerse otro desafío.
- Después de escribir el libro, ¿qué ha entendido sobre la pareja?
- He empezado a compadecer a una parte de los hombres. Veo a mi hijo Mateo, que tiene 25 años, y a las niñas de su edad; la mayoría, no todas, aunque vayan a la universidad están esperando que un hombre las mantenga. Yo lo veo y digo pobre, si le gusta una de esas niñas qué va a hacer, porque no tendrá sólo que cargar consigo mismo, tendrá que hacerse cargo de que esa niña viva como vive, qué agobio. Veo también que las mujeres que están dispuestas a tener un destino me pasó a mí con muchos hombres antes de dar con Héctor, a lidiar con el mundo, a ganarse la vida y no depender de un hombre, tienen una bronca grandísima. Hay muchas mujeres de 35 años que no tienen pareja porque caminaron de más, qué horror. Lo difícil es que esos hombres y esas mujeres que se necesitan están dispersos, no necesariamente se encuentran.
- ¿Contra qué se mantiene en pie de guerra?
- Peleo por la armonía interior, y por el deber de que la gente que tengo cerca sea lo menos infeliz posible. Hay otras batallas que ni siquiera vale la pena dar: querría tener 30 años y sentir como siento ahora, pero eso es imposible; entonces, hay que dar la batalla contraria: soy la que soy, siento como ahora, y me arrugo y ni modo, pero tengo otros prodigios.
Guiños literarios
Maridos nace de una novela que no fue: "Si sobrevives".
De sus páginas, la autora rescató a una de sus protagonistas, Julia Corzas, la narradora que va contando a su tercer marido las historias de amor de las mujeres que pueblan
Maridos, dejando sólo fuera aquella que los unió.
Abre con Julia y cierra con la historia de Amanda, que debía dar cuerpo a la novela y ahora reescribe como cuento. Si el lector está atento, dice Ángeles Mastretta, descubrirá una serie de guiños y lazos entre los cuentos y viñetas que integran la obra.
Contenta por la filmación de la película
Arráncame la vida, basada en su novela, la también autora de obras como
Mujeres de ojos grandes -la pareja literaria de
Maridos- y
Mal de amores, atisba ya el que podría ser su próximo libro: la historia de su abuelo, un inmigrante italiano.