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Libros  

Publicado el lunes 04 de febrero del 2008

Christopher Domínguez Michael crea diccionario literario

Agencia Reforma

MÉXICO, DF - La marca de la ilegitimidad persigue al crítico literario, asegura Christopher Domínguez Michael (DF, 1962), quien publicó Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005).

"Esta marca forma parte de la historia de los críticos, y quien se mete a este oficio tiene que vivir con ella, y yo diría que hasta disfrutarla".

Sin embargo, considera, el crítico también cumple con una función didáctica o pedagógica.

"Es imposible", dice, "que un crítico no sea juzgado, a su vez, como un escritor que propone un canon, una manera de leer, un conjunto de obras decisivas. Por supuesto que los críticos aspiramos a que los libros que amamos sean aquellos que queden en el gusto y en la memoria de los lectores. El crítico es un escritor que también ejerce una función didáctica o pedagógica en el sentido más profundo de estas palabras, alguien que bosqueja el panorama de una literatura, que de manera irremediable pesa y sopesa y acaba estableciendo su propio equilibrio".

Con 25 años dedicados a la crítica literaria, Domínguez Michael buscó ordenar ese panorama con la reunión de buena parte de sus ensayos sobre literatura mexicana, publicados entre 1987 y 2005.

"Es un diccionario de autor, una obra personalísima ordenada alfabéticamente; no es un libro que tenga pretensiones de ecuanimidad o de equidad. No se trata ni de un censo ni de un padrón electoral", dice acerca de un libro que ha sido criticado por la ausencia de algunos escritores y la extensión diferente de los textos.

En relación a esto último, sostiene que es propio de todo ensayista dedicar más páginas a sus contemporáneos y a sus maestros, que a autores más remotos, cuya reputación ya está fuera de toda duda.

"Uno da la batalla por los escritores de su tiempo o contra ellos. A Jorge Cuesta le interesaba ajustar cuentas con Díaz Mirón y con López Velarde. Octavio Paz, por ejemplo, le dedicó más páginas a Villaurrutia que a John Donne, lo mismo que Tomás Segovia ha escrito mucho sobre Juan Ramón, o Carlos Fuentes le ha dedicado líneas más fervorosas a Cortázar, a García Márquez o a Kundera que a los novelistas del siglo 19. Me gustaría que se discutieran más mis ideas literarias que la cantidad de líneas que dedico a tal o cuál autor".

Publicado por el Fondo de Cultura Económica, el libro también es una antología de ensayos y reseñas sobre autores nacidos después de 1955 o que publicaron después de la salida de Pedro Páramo y hasta 2005, de Abreu Gómez a Gabriel Zaid. Se incluyen fragmentos de libros previos como la Antología de la narrativa mexicana del siglo XX (1989 y 1991) o Servidumbre y grandeza de la vida literaria (1998). Muchos de los textos aparecieron por primera vez en El Ángel, de REFORMA.

La entrevista

¿La fecha 1955 como punto de partida se debe a la importancia de Juan Rulfo?

Sí. Había que empezar de alguna manera, pero quizá el punto de partida más firme hubo de ser el año de la publicación de Pedro Páramo. Es el inicio de nuestra literatura plenamente contemporánea. Pudo ser algunos años antes, con El laberinto de la soledad o unos después, partiendo de La región más transparente, de Fuentes.

¿Los textos son sus primeras versiones y también sus primeras impresiones sobre un autor?

No, como lo digo en el prólogo, hubiera sido imposible releer absolutamente todo para ofrecer opiniones distintas sobre escritores que ya había yo tratado. En varios casos preferí escribir nuevos ensayos, lo cual me permitió hacer relecturas muy emocionantes.

¿De qué autores, por ejemplo?

En el caso de Sergio Pitol decidí hacer un nuevo ensayo: quería leer Tríptico de carnaval como un todo. O dedicarle varias tardes a las obras reunidas de Jaime García Terrés. O revisar mis opiniones sobre Salvador Elizondo, que no me parecían del todo claras.

Uno también tiene la fantasía de que con el tiempo uno escribe mejor, lo cual no es necesariamente cierto.

En el Diccionario crítico de la literatura mexicana son analizados 144 autores, desde el más viejo, José Vasconcelos, nacido en 1882, hasta jóvenes escritores nacidos en 1971, como Luis Vicente de Aguinaga, Luigi Amara y Julián Herbert.

Abundan, por cierto, las opiniones políticas. De Carlos Monsiváis apunta Domínguez Michael: "existe una cultura mexicana venerable por su calidad democrática y liberal que sin Monsiváis sería inconcebible".

En la obra no están todos los autores que gozan de cierta celebridad, porque, según dice el crítico de la revista Letras Libres, esta clase de obras dependen de la biografía de ese lector que es el crítico literario que las escribe.

"En el caso de que el libro se reedite, iré agregando autores mexicanos (y de otros países de nuestra lengua que han hecho su obra con nosotros), de los que por diversos motivos no me he podido ocupar. Y no sólo serán poetas y novelistas. Faltan historiadores, críticos de arte, dramaturgos. El diccionario refleja el trabajo de media vida y no me voy a detener a la mitad del camino".

"Los escritores que están en este libro son los que, en el momento en que cerré mi trabajo, me han sido más relevantes, los que me emocionan y me comprometen", agrega el también historiador, que ganó el Premio Xavier Villaurrutia 2004 por Vida de fray Servando.

Así, el autor del relato William Pescador (1997) no incluyó a Elena Poniatowska ni a Ángeles Mastretta ni a Eraclio Zepeda, pero sí a Francisco Tario y a José Joaquín Blanco. Aparece Roberto Bolaño pero no Juan Gelman.

"Este es un diccionario de autor, donde lo que se privilegia es mi gusto literario y mis obsesiones intelectuales. En este caso el crítico ejerce su libertad con el mismo derecho que un novelista o un poeta".

Así lo dijo

"En varios casos lo que hago es un dibujo a lápiz que me indica que tengo que ir más lejos. La idea es que este diccionario, si tiene otras ediciones, vaya creciendo".

Christopher Domínguez. Crítico literario.