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Libros  

Publicado el martes 29 de enero del 2008

Luis Arturo Ramos propone una trama policiaca sin detectives, donde el libro es central

Agencia Reforma

MÉXICO, DF - Abelardo Salgado, Abel para los amigos, es un escritor frustrado y traductor en activo que interpreta la vida en clave literaria. Recorre las 245 páginas de Ricochet o los derechos de autor guiado por dos obsesiones: descubrir si su esposa lo engaña y encontrar a la persona que reescribió su novela.

Luis Arturo Ramos imaginó una trama policiaca para probar la tesis de su personaje: "Todo lector termina ‘asesinando’ al autor de la novela que lee", lo que Abel confirma después de hallar en una librería de viejo un ejemplar de su única obra, De rebote, con anotaciones y subrayados, dispuesta para ser leída y vivida por la misteriosa Pirusha.

"Quería escribir una historia sobre la relación escritor-libro-lector, el triángulo fundamental. ¿Cómo quiere el autor que lo lean? ¿Existe un lector que interprete la intención del autor al 100 por ciento? ¿Es inexorable la ’traición’ del lector? Si es así, ¿importa realmente?".

En esta novela no hay detectives. Abel es quien investiga y, cuando la realidad lo rebasa, repone fuerzas con un whisky y unas horas de sueño.

"Vive un serendipity mental: encuentra lo que no busca, y busca lo que no encuentra. Se acuesta apabullado por esos ’rebotes’ o carambolas de la existencia".

Pero Abel no está solo en esta historia. Lo acompañan su esposa Carmen, cachonda y bebedora, y una galería de personajes esperpénticos: el librero Canchola, las viejecitas perfumeras, el impredecible Salvattori...

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Desde el inicio, el narrador hace que su personaje ventile sus pecados, como haber escrito la cuarta de forros y haber agotado los ejemplares de su ya lejana novela.

"Padezco (y gozo) todos los pecados de Abel, y sufro otros muchos que ni siquiera sospecha que existen", reconoce Ramos.

¿Alguna vez ha sentido, como Abel, la tentación de vivir su literatura?

Sólo a la inversa. La tentación autobiográfica siempre está presente. Y como dijera Salgado: los escritores y los stripers son los únicos profesionales que, legítimamente, vuelven públicas sus partes privadas. Dijo eso o algo parecido.

Abel no se reconoce en algunas de sus palabras. ¿Le ha llegado a suceder?

No. Releerse es como revisar un álbum fotográfico. Te sonrojas, te enorgulleces y hasta te avergüenzas, pero siempre te reconoces en las fotografías, aunque estés de traje y corbata o encueradito supino en un tapete.

¿A qué autor ha gozado más asesinar como lector?

Me abstengo de responder hasta que no aclare si se refiere a un asesinato real o metafórico.

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Con una trayectoria de tres décadas en las letras, Ramos asegura no considerarse un escritor marginal.

"Así me han hecho. Si no vives en la gran capital, ni estás cerca de los medios, terminas por habitar las orillas".

Veracruzano de nacimiento y residente en Texas, desde su primera novela, Violeta-Perú (1979), se distinguió por una prosa minuciosa.

"En una novela ’inmediata’ (como Ricochet...), en la que todo está determinado por el presente, la cotidianidad tiene que ser enfatizada. Y lo cotidiano aparece en detalles en apariencia insulsos".

El escritor planeó una novela que "viviera al día" -inicia un 28 de septiembre de 2003- y fuera ganando velocidad al ritmo de los acontecimientos, dándole al libro, como objeto, una importancia capital.

La Ciudad de México que aparece en Ricochet... (Cal y Arena) se nutre de sus recuerdos de infancia, cuando a principios de los años 50 visitaba la capital.

"Soy de Minatitlán, una ciudad que para cualquier chilango sería un pinche pueblo. Llegábamos a los hoteles del centro; es la parte que más me gusta y que conozco bien porque nunca he dejado de vivirla".

Lugar y personajes nacen juntos. Las siete novelas que ha escrito transcurren en Veracruz o en la Ciudad de México, pero planea ya ubicar una en Juárez-El Paso.

"La vida a ambos lados de la frontera es muy literaturizable. Imagine un reloj de arena donde la parte más delgada representa las garitas en los puentes de cruce. La gente pasa a cuentagotas, y ya sea que lo hagas en un sentido u otro, reapareces siempre transformado".

Hay otro elemento "inexorable" en su narrativa. Los críticos y los lectores obsesos como Abel podrán descubrir en Ricochet..., apenas esbozadas, situaciones o temas abordados en otros de sus textos, como Cartas para Julia y Los asesinos no existen.

"Un libro conduce o rebota en y hacia otro libro. Cada uno de mis libros son puertas o ventanas hacia otros libros míos. Lo tengo presente porque soy mi mejor y, al parecer, único lector al 100 por ciento".

CONÓZCALO

Nombre: Luis Arturo Ramos Lugar y fecha de nacimiento: Minatitlán, Veracruz, 1947. Trayectoria: Estudió Letras Españolas en la Universidad Veracruzana. Fue director general editorial en la Universidad Veracruzana y director de la revista La palabra y el hombre. Coordinador de la maestría en Creación Literaria en la Universidad de Texas en El Paso. Obra: Es autor de las novelas Violeta-Perú (1979, Premio Nacional de Narrativa), Intramuros (1983), Éste era un gato (1988, Premio Latinoamericano de Narrativa), La casa del ahorcado (1993), La mujer que quiso ser Dios (2000) y Los argentinos no existen (2005). Ha publicado libros de cuentos como Los viejos asesinos (1981) y Domingo junto al paisaje (1987), y entre sus obras para niños figuran Zili, el unicornio (1980), La voz de Cóatl (1983) y La noche que desapareció la luna (1985). Obtuvo en 1989 el Premio Nacional de Ensayo Literario con Melomanías: la ritualización del universo.

A favor de Hillary En la carrera por la Presidencia de Estados Unidos, Luis Arturo Ramos ya tiene su candidata: Hillary Clinton. "Me gustaría que ganara sólo para contradecir a Abelardo Salgado, quien opina que las mujeres no deben llegar a la presidencia porque confunden la regla con los reglamentos".

Ramos, maestro en la Universidad de Texas en El Paso, ha dejado constancia de sus vivencias en Estados Unidos en sus Crónicas desde el país vecino (1999) y algunos cuentos.

"En El Paso siempre estoy de paso. El viaje es mi sitio favorito de residencia. La única diferencia entre Juárez y El Paso es que aquí hasta los mexicanos respetan los semáforos".

Se confiesa pesimista respecto al recrudecimiento de las medidas tomadas por Estados Unidos contra los migrantes indocumentados. "Cuando salga Bush, vendrá otro presidente cuyo único cambio consistirá en proponer un muro de menor altura y penas con menos años de cárcel".