MÉXICO, DF - Novela panorámica que recorre los ambientes de la alta burguesía mexicana con sus campos de golf, mansiones del porfiriato, bares y restaurantes hasta los burdeles y cantinas de los obreros y taxistas,
La región más transparente cumple 50 años de haber sido publicada y con ese motivo recorremos los pasos de Carlos Fuentes por la Ciudad de México: “La ciudad no es sólo el presente: es todos sus recuerdos, sus supervivencias, los rostros de sus muertos”.
La primera novela de Fuentes apareció en la colección
Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica, el 7 de abril de 1958. Su semilla fue la observación de la urbe y una necesidad del escritor por ser testigo de su vida. Centro Mexicano de Escritores“Pienso llevar a cabo una novela titulada La región más transparente del aire, en la que intento abordar el marco social de la vida urbana de México, durante un periodo de varios años”, escribía Carlos Fuentes al solicitar la beca del Centro Mexicano de Escritores (CME).
Su petición iba acompañada de una recomendación del humanista Alfonso Reyes: “El portador de estas líneas, don Carlos Fuentes, es ya, a pesar de su juventud, todo un literato y algo más que una simple promesa”.
El CME ocupaba entonces una casona de la colonia Cuauhtémoc, en Volga 3, a espaldas del Hotel María Isabel. Fuentes, al igual que sus compañeros de la generación 1956-57, entre ellos Luis Rius, Héctor Azar y Rafael Ruiz Harrell, recibía una asignación mensual de mil 75 pesos.
“El salón era el sitio de reunión de los becarios con los maestros los miércoles, con Margaret Shedd (directora y fundadora del CME) con Rulfo, Arreola, que eran los que dirigían y les ayudaban.
“En las sesiones iban leyendo de dos en dos, todos tenían la obligación de hacer la crítica buena o mala de sus compañeros, era discutir si estaba bien o no, e intervenían entonces los que dirigían. Entre ellos se llevaban bien, se criticaban y a veces se disgustaban, pero luego salían muy cuatitos. Y se iban a unos cafés en la colonia Cuauhtémoc, andaban por ahí”, recuerda Martha Domínguez, secretaria del extinto CME.
La mansión de DráculaLa amistad de Carlos Fuentes con Gabriel García Márquez nació con la “instantaneidad de lo eterno” en 1962, en una casona de la colonia Roma, Córdoba 48, sede de la compañía productora de cine de Manuel Barbachano Ponce, llamada La Mansión de Drácula por su “evidente aspecto transilvánico”.
Álvaro Mutis, quien trabajaba como publicista de la productora, se encargó de presentar a Fuentes al recién llegado.
“Ahí iba de vez en cuando Fuentes como colaborador de los noticieros de Telerevista, y amigo de los Barbachano; García Márquez había llegado a México por sugerencia mía, ese día yo estaba con él. Detrás de la sala de exhibiciones había un balconcito que daba al jardín, y por ahí subió Fuentes y le dije: ‘Mira éste es el escritor de quien yo te hablaba, es Gabriel García Márquez un paisano y un amigo que quiero mucho’, se saludaron y desde entonces se hicieron muy buenos amigos”, recuerda Mutis.
Fuentes y García Márquez no sólo escribirían guiones —como
El gallo de oro y
Tiempo de morir— sino también organizarían tertulias dominicales con los “rituales de los 60”.
“En esa época, él y yo fabricábamos guiones de cine, demostrando nuestra verdadera vocación cuando nos deteníamos horas en colocar una coma o en describir el portón de una hacienda. Es decir: nos importaba lo que se leía, no lo que se veía. Por eso, semanas más tarde, echados en la eterna primavera del césped de mi casa en el barrio de San Ángel, Gabo pudo preguntarme: —Fontacho, ¿qué vamos a hacer? ¿Salvar al cine mexicano o escribir nuestras novelas? La suerte estaba echada”, evoca Fuentes.
La casa familiar y las afinidades literariasAunque comenzó a escribir a los siete años, en un pequeño periódico que él mismo hacía en su casa en Washington, no fue sino hasta la preparatoria, en el Colegio México, al ganar el concurso de cuento, cuando se define su vocación literaria.
Hacia 1947-48, Fuentes ya había publicado relatos cortos en revistas y reportajes y artículos políticos en periódicos. Por esa época se une al grupo Basfumista, “un pretexto filosófico para la parranda animado por el pintor Adolfo Best Maugard”, en sus propias palabras.
“El grupo Basfumista fue el primer grupo al que perteneció Fuentes, se juntaban muchachos que habían estudiado en escuelas europeas, de las clases altas de la sociedad mexicana, querían hacer una literatura diferente, se reunían en la casa de Carlos en Tíber 10, él era el sumo sacerdote de esas grandes fiestas”, recuerda el crítico Emmanuel Carballo.
En esa misma casa, años después, en 1954, se ofrecería una “entusiasta recepción” a Octavo Paz a su llegada de París: Juntos, además de Carballo, editarían la
Revista Mexicana de Literatura.
La vida nocturna: cabarets y cantinasEl mundo de placer de obreros, criadas y choferes de taxi, con su burdeles y cantinas de Santa María la Redonda y San Juan de Letrán, son materia prima de la novela. A fines de los 40, Fuentes abandona sus estudios de Leyes en la UNAM, por la “curiosidad excitante que le provoca la Ciudad de México, su vida nocturna, prostíbulos, cabarets, magos y mariachis”.
Uno de los tugurios visitados por el novelista era El Golpe, en Camelia 157, un sitio para bailar donde también se organizaban funciones de box y lucha libre. En Sitios de rompe y rasga de la Ciudad de México, Armando Jiménez lo describe como un local de segunda categoría aunque “agradable y cómodo” que funcionaba de 9 p.m. a las 5 a.m., y los clientes eran animados por las ficheras a beber durante los combates al compás de una orquesta de “escasa calidad”.