MÉXICO, DF - El programa nuclear que lleva a cabo Irán se ha convertido en la excusa para que el gobierno de Estados Unidos ponga su mirada, en forma de intervención militar, en el país de los ayatolás.
El diario Jerusalem Post aseguró a mediados de mayo, citando a un alto funcionario estadounidense, que el presidente George W. Bush tiene intención de atacar Irán antes de que acabe su mandato.
Y el anuncio, también en mayo, de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de que Irán continúa ignorando las exigencias de las Naciones Unidas para que suspenda el enriquecimiento de uranio, da alas a un Bush deseoso de argumentos que sostengan su opinión, pese a la renuencia de los aliados de Washington y hasta de parte de su equipo.
A cinco meses del relevo en la Casa Blanca, Irán y su programa nuclear parecen incluso tema para el próximo mandatario estadounidense, si se juzga por las amplias referencias a ese país que han incluido en discursos recientes los aspirantes presidenciales, Barack Obama y John McCain.
"Resulta preocupante que Irán se esté convirtiendo en un asunto de política interna en EU", aseguró a REFORMA Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano.
Los objetivos estratégicos históricos de los estadounidenses en el Medio Oriente están relacionados con el petróleo e Israel. Con estas cartas sobre la mesa, Irán también quiere jugar: es un gran productor mundial de crudo y es enemigo total de Israel. Otro naipe más para la partida: en ausencia de un Iraq mínimamente cohesionado, Irán trata de convertirse en potencia regional.
"La irrupción de Irán como actor clave con aspiraciones de hegemonía regional representa uno de los mayores desafíos de EU desde su posición de superpotencia mundial", estima Amirah.
El régimen chiita de Teherán ha extendido su influencia sobre Irak, al establecer alianzas con los grupos religiosos afines de ese país, e incluso con su gobierno; apoya a Hamas, un actor clave en el proceso de paz israelí-palestino, además de que ejerce influencia sobre Hezbolá, milicia también chiita que es actor dominante en Líbano.
Estas alianzas dejan constancia de que la política de EU en el Medio Oriente no puede obviar a la República Islámica. "Irán está sabiendo aprovechar los desequilibrios regionales generados por la invasión de Iraq para aumentar su poder en (la zona)", explica Amirah.
"EU, como gran potencia mundial, ha llevado a cabo una política exterior unilateral que en el caso del Medio Oriente tiene como obsesión remodelarlo a su conveniencia. Y la potencia regional más importante, tanto por sus recursos energéticos y mineros como por su situación geoestratégica, es Irán", explicó a REFORMA María Jesús Merinero, profesora de la Universidad de Extremadura.
Merinero enfatiza otro de los puntos clave en la relación entre Teherán y Washington: los recursos energéticos. La antigua Persia posee las segundas reservas de petróleo de la OPEP, es el cuarto exportador mundial de crudo y tiene 15 por ciento de las reservas mundiales de gas.
Washington ha impedido hasta ahora que Irán se convierta en potencia económica a través de un embargo comercial, pero sus consecuencias no han sido las esperadas por la Casa Blanca.
Teherán ha diseñado un programa de apertura a las compañías extranjeras que se ha traducido en contratos con empresas europeas, de Canadá, Rusia y de países del sudeste asiático. Con ello, además de romper el aislamiento del país, se ha roto el monopolio estadounidense en la región, asentado en los países del Golfo y Arabia Saudita.
Según la Oficina Comercial de la Embajada de España en Teherán, los principales socios comerciales de Irán son: Emiratos Árabes Unidos, Japón, Alemania, China e Italia. Sin olvidar la colaboración rusa en materia de energía nuclear.
El año pasado, por ejemplo, Irán firmó un contrato valorado en más de mil 500 millones de dólares con compañías nacionales petroleras de China, según Arshin Adib-Moghaddam, profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres.