NUEVA YORK — Los llaman la "superclase", son el grupo compuesto por cerca de 6 mil personas, las más poderosas del mundo, que básicamente deciden lo que sucede en distintos ámbitos del planeta y que cada vez son más influyentes.
Los empresarios Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim, Steve Case, Richard Branson, Roman Abramovich y Rupert Murdoch forman parte de esta nueva elite globalizada; al igual que los músicos Bono y Shakira; los actores Angelina Jolie, Brad Pitt y George Clooney; el Dalai Lama y el Papa Benedicto XVI.
Los académicos Noam Chomsky, Samuel Huntington, y Joseph Stiglitz; los Presidentes George W. Bush y Hu Jintao; los Primeros Ministros Gordon Brown, Angela Merkel y Silvio Berlusconi; la Reina Isabel, o los ex Jefes de Estado Bill Clinton, Tony Blair, Ernesto Zedillo y Lee Kuan Yew.
Son la "creme de la creme" que asisten cada año al Foro Económico de Davos o a otros eventos globales como el Foro Boao de Asia o la reunión de Sun Valley, en Idaho.
Muchos provienen de las mismas universidades: Harvard, Stanford, Cambridge y Oxford están entre las preferidas. Discuten sobre temas internacionales en las reuniones del Grupo Bilderberg para luego viajar en sus jets privados y divertirse en palcos exclusivos en espectáculos, como el Grand Prix de Mónaco o las carreras de caballos en Ascot.
"Son un grupo pequeño, cada uno de ellos representa a uno en un millón, que tiene hoy una influencia desproporcionada sobre los asuntos mundiales. Cada uno tiene la capacidad de influir sobre millones de vidas, más allá de las fronteras de los países", destacó a REFORMA David Rothkopf, autor del libro "La superclase: la élite del poder global y el mundo que están construyendo".
En el mundo siempre han habido élites, pero la superclase de hoy es distinta a los grupos de poder anteriores, explicó Rothkopf.
En el pasado, las élites accedían de forma hereditaria al poder y a la riqueza gracias a la propiedad de la tierra. Confinadas a las fronteras nacionales, su influencia estaba íntimamente vinculada al sector público, a la política o a los militares.
La superclase moderna es una élite que se ha globalizado más rápido y cambia más al mundo. Está conformada por individuos relacionados esencialmente con el sector privado y las finanzas, que han hecho sus fortunas o llegado al poder de manera propia, aprovechando la información y la tecnología.
Si bien existe todo tipo de teorías conspirativas sobre ellos, no son una élite monolítica, está formada por diferentes grupos que no siempre están de acuerdo entre ellos. Sin embargo, gracias a la tecnología, hoy en día se reúnen más que antes y llegan a un consenso que repercute sobre el resto del mundo.
"Su poder real se hace más evidente cuando se ponen de acuerdo para actuar en su propio interés, pero a través de una alianza. Así, se nota su influencia cuando presionan para recortar impuestos, desregular los mercados financieros, (...) cuando actúan para llamar la atención sobre el calentamiento global o el flagelo del sida", indicó Rothkopf, analista del Carnegie Endowment for Internacional Peace.
Y esta desigual distribución del poder está directamente ligada a la desigual distribución de la riqueza mundial. Según un informe de la ONU de 2006, 10 por ciento de los adultos más ricos del mundo controlan 85 por ciento de la riqueza global, mientras que el 50 por ciento más pobre disfruta apenas del uno por ciento de ese bienestar.
"En los últimos 30 años, cuando se desarrolló más la superclase de superricos, las desigualdades en el mundo han crecido. Como la economía globalizada les permite actuar fuera de los marcos normativos del Estado, esto ha dado lugar a mayores abusos y explotación de los trabajadores", apuntó la socióloga Saskia Sassen, de la Universidad de Columbia.
"Y aunque se ha reducido el número de personas que viven en extrema pobreza, también están desapareciendo en todo el mundo las clases medias", agregó Sassen.
Como resultado de este proceso, cada vez hay más reacciones de resistencia y rechazo que toman la forma de un Hugo Chávez en Venezuela, un Vladimir Putin en Rusia, un Kim Jong-Il en Corea del Norte, o un Mahmoud Ahmedinejad en Irán.
"Irónicamente hemos terminado con una alianza global de nacionalistas, populistas que reaccionan en contra de la globalización", indicó Rothkopf.
Para el analista Colin Bradford, experto en administración económica global de la Brookings Institution, la clave para frenar el fenómeno de concentración de la riqueza y el poder está en una combinación del desarrollo de la tecnología de la información y el fortalecimiento de las instituciones internacionales.
"Históricamente la información estaba monopolizada por las élites, pero hoy asistimos a un proceso de democratización de la información con internet y los medios digitales", señaló.
"Instituciones internacionales, como la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial e incluso las asociaciones regionales como la Unión Europea, se han quedado atrás frente a estos nuevos actores de la superclase. Deben repensar sus mandatos e involucrar más a la gente común, a la sociedad civil, en vez de sólo a los Estados miembros", subrayó.
Con él concuerda el propio Rothkopf, para quien son necesarias instituciones mucho más poderosas que las que hoy tenemos. Si son bien establecidas, esas instituciones deben representar la voluntad de la mayoría de la gente del mundo y no sólo los intereses de la superclase dominante.
‘Dominan los hombres en el liderazgo mundial’
Que la "superclase" es un grupo exclusivo no hay dudas. Para ser miembro de ella hay que tener dinero y/o mucha influencia. Pero esta élite globalizada resulta aún más restrictiva si se considera que casi 94 por ciento de sus miembros son hombres.
"Por lejos, el grupo menos representado en la ’superclase’ son las mujeres, que conforman el 6.3 por ciento de sus filas, aunque suman 51 por ciento de la población mundial.
Y esa misma desigualdad se ve en todos los grupos de poder: sólo 17 por ciento de los cuerpos legislativos mundiales son mujeres, mientras que apenas 13 por ciento de las 500 empresas más grandes del mundo están dirigidas por mujeres", señaló David Rothkopf, autor del libro "La ’superclase’: la élite del poder global y el mundo que están construyendo".
Uno de los elementos más curiosos que resalta Rothkopf en su obra es que aunque las mujeres miembros de la "superclase", con las que se entrevistó, están convencidas de que las féminas en general tienen la misma capacidad de liderazgo que los hombres, son pocas las que están dispuestas a enfrentar los sacrificios que conlleva hacerse camino en este sistema dominado por los varones.
"Además, las mujeres líderes disfrutan de su especial estatus y particularmente poco entusiasmadas en compartir ese honor", destacó.