NUEVA YORK - En términos generales, la política exterior de Barack Obama marcaría un fuerte cambio de rumbo respecto al gobierno de George W. Bush, con un nuevo acento en el multilateralismo y una diplomacia activa para favorecer los intereses de Estados Unidos.
El mayor desafío que se le presentará, si es elegido Presidente, será la situación en Irak, a cuya guerra el senador se ha opuesto desde 2003. Y una de sus principales promesas de campaña ha sido que buscará cuanto antes el retiro de las tropas.
"Obama ha señalado que quiere retirar una o dos brigadas por mes, y tener a todas las tropas fuera en un plazo máximo de un año y medio", explicó a REFORMA el analista Derek Chollet, investigador del Center for a New American Security.
La idea de Obama y su equipo internacional, integrado por los ex funcionarios de la Administración Clinton Susan Rice, Anthony Lake y Gregory Craig, es lograr a través de un vigoroso papel de la ONU un acuerdo más firme de gobernabilidad, federalismo y distribución de los ingresos petroleros con todas las facciones iraquíes.
Además, ha prometido que fomentará una reunión con los países vecinos de Irak -incluidos Irán y Siria- para consensuar un pacto de estabilidad regional, cuya finalidad sería la reconciliación y reconstrucción iraquí, y el aislamiento de la red terrorista al-Qaeda.
Otra de las "papas calientes" que recibirá Obama es el conflicto en Afganistán, donde la violencia ha recrudecido y los talibanes han vuelto a avanzar.
El objetivo del candidato demócrata allí es trabajar de manera más cercana con la Unión Europea para fortalecer la presencia de tropas de la OTAN y recobrar la estabilidad. Asimismo, ha dicho que no le temblará la mano al ordenar ataques contra bases de al-Qaeda en Paquistán.
Por otra parte, para revalorizar la imagen de Estados Unidos en el mundo, cerrará el centro de detención de Guantánamo, donde cientos de supuestos terroristas permanecen en un limbo legal desde hace cinco años, y renunciará oficialmente a la tortura.
En cuanto a Irán, Obama ha indicado que sus esfuerzos por fabricar armas nucleares deben ser frenados, pero no de manera militar. Al igual que con Corea del Norte, el candidato cree que todavía hay alternativas diplomáticas para hacerlos cambiar de opinión.
Acerca del conflicto entre israelíes y palestinos, Obama ha dejado en claro que buscará concretar el sueño de dos estados que convivan en paz y seguridad, pero ha señalado también el derecho de Israel a defenderse.
Para América Latina, Obama trazó un plan que incluye continuar con la ayuda militar a Colombia para combatir el narcotráfico, fortalecer la cooperación antinarcóticos y de seguridad con México y realizar un mayor despliegue diplomático en toda la región mediante la figura del "enviado especial para las Américas", con el objetivo de contrarrestar la influencia del presidente venezolano, Hugo Chávez.
En cuanto a Cuba, ha dicho que permitirá que los familiares de cubanos viajen libremente y envíen sin limitaciones dinero a la Isla, aunque no levantará el embargo.
Su idea es mantener el bloqueo como instrumento de negociación con el gobierno de Raúl Castro, con quien está dispuesto a reunirse en caso de que el régimen dé pasos concretos hacia la apertura, como la liberación de presos políticos.
"Aunque Obama ha prometido que el desarrollo en AL será una prioridad para su gobierno, con la recesión y la situación económica de EU no se pueden esperar grandes iniciativas, más allá de una mayor apertura y cooperación", destacó Riordan Roett, profesor de la Universidad Johns Hopkins.
Entre la legalización y revisar el TLCAN Dentro de la agenda de política exterior que propone Barack Obama hay tres temas que atañen particularmente a México: inmigración, comercio y lucha antinarcóticos.
Desde que lanzó su candidatura, Obama ha resaltado la urgencia de una reforma migratoria integral, que, para él, es esencial para los intereses estadounidenses.
En este sentido, el senador ha prometido que en su primer año de gobierno buscará llegar a un acuerdo para que se establezca un programa de trabajadores temporales y también un camino a la legalización de los 12 millones de indocumentados en Estados Unidos.
"No será un proceso fácil ni rápido, pero ha dicho que será una de sus prioridades. Como hijo de padre keniano, Obama entiende personalmente lo que es ser visto como diferente en este país, y cree que es necesario cambiar la retórica negativa hacia los indocumentados y los mexicanos en particular", explicó a REFORMA Dan Restrepo, coordinador de asuntos latinoamericanos de la campaña del demócrata.
Según Restrepo, Obama apoya completamente la lucha antinarcóticos del presidente Felipe Calderón, pero considera que el esfuerzo debe ser más integral, con Estados Unidos tomando una mayor responsabilidad para disminuir el consumo de drogas, y frenando los flujos de armas y dinero que sostienen a los cárteles.
En este contexto, Obama cree que la Iniciativa Mérida es un buen comienzo, pero insuficiente.
El tema comercial sería, tal vez, el de mayor roce, pues Obama considera necesario renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
"Obama reconoce que renegociar el TLCAN es una movida riesgosa (...) pero cree que es parte de la relación madura que busca tener con México y Canadá", afirmó Restrepo.