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Casi como respuesta, por anticipado, a la multitudinaria marcha –que exigiría cuentas a las autoridades por la ola de violencia, inseguridad y secuestros que asola al país–, el crimen organizado lanzó una inédita campaña nacional de desprestigio contra el gobierno de Felipe Calderón y sus Fuerzas Armadas acusándolos de brindar protección al Cártel de Sinaloa. Situación que explicaría, según los narcomensajes, la ola de violencia e inseguridad que vive México. Un desafío insólito del narcotráfico, en tiempos en donde la exigencia social se reduce al "si no pueden, renuncien", de Alejandro Martí, o a la revocación de mandato en la que insiste Muñoz Ledo.
En México crece, consistentemente, un estado de ánimo social que tira al desencanto, la incertidumbre y, por momentos, a la desolación.
Los indicadores de confianza de los ciudadanos han caído notablemente en menos de año y medio; los niveles de insatisfacción con la democracia han aumentado sensiblemente en los últimos meses; la gente se siente menos libre para expresar sus opiniones políticas y menos capaces de exigir cuentas a los funcionarios públicos, según revela la más reciente encuesta nacional de Reforma.
Un ánimo así está hecho de varias cosas. En materia política, el panorama es desastroso. Se presenta como excepcional, un encuentro de gobernantes al que se convoca para intentar dar respuesta a un clamor sobre la inseguridad y los secuestros.
En un tímido mea culpa, la elite política compartió con la población una radiografía sobre la situación actual de las cosas, que los pinta de cuerpo entero. Todos firmaron 75 puntos de un acuerdo nacional que genera muy modestas expectativas de cumplimiento. Sólo en materia de secuestros, el gobierno ha reconocido que en 2007, de 785 secuestrados, sólo rescató a 160. La espiral de violencia, la inseguridad y una impunidad rampante nos hablan de un Estado nacional resquebrajado y de instituciones en franca disfuncionalidad.
Se suma al desánimo un panorama económico inquietante. Al estancamiento –México es el último lugar en América Latina en materia de crecimiento– se agrega un aumento inflacionario que ha hecho que se cumpla la meta inflacionaria prevista para 2010.
Si se trata de los jóvenes, el asunto empeora. Hace pocos meses, la SEP presentó una encuesta nacional en escuelas públicas de educación media superior que arroja resultados alarmantes: siete de cada 10 jóvenes admiten que se han sentido tristes en el último mes; seis de cada 10 tuvieron –en algún momento– ganas de llorar y cinco de cada 10 no han podido dejar de estar tristes. Las mujeres jóvenes casi duplican en porcentaje a los jóvenes –de entre 15 y 19 años– que viven con tristeza o desolación, o que han llegado a pensar que la vida tiene poco sentido. Depresión, desinterés, inclinaciones suicidas y desesperanza agobian a porcentajes demasiado altos de los más jóvenes del país según esta encuesta oficial.
Cuando se presentó la encuesta, Emilio Álvarez Icaza, sostuvo que los jóvenes se sienten así ante la dinámica que viven en sus casas, donde muchos de sus padres y madres están permanentemente bajo una tensión laboral, social y económica. Esto, de por sí grave, se hace más grave aún, si pensamos en que México transita por el fenómeno poblacional conocido como "bono demográfico". Un periodo excepcional en la vida de un país –de unos treinta años– en el que México tendrá más jóvenes que nunca y que de encontrar desarrollo educativo y trabajo para ellos se convertirían en una fuerza formidable de transformación. El gran problema radica en que estamos viendo transcurrir los primeros años de este "bono" con indicadores lamentables en materia de educación, crecimiento y empleo. Si no hay un viraje profundo, en materia económica, política, de seguridad y social, lo que tendría que ser la gran oportunidad de México, se perfila como una verdadera pesadilla. Por lo pronto, el sistema educativo nacional es incapaz de asimilar la demanda de espacios que los jóvenes necesitan. Miles de muchachas y muchachos son rechazados cada año por las instituciones de educación media y superior, así que no nos sorprendamos al saber que el mayor crecimiento de conductas delictivas en el país se registra, precisamente, entre jóvenes de entre 14 y 20 años de edad. El panorama luce muy inquietante. Son demasiados los frentes abiertos y profunda la carga de insatisfacción. Los ingredientes están a la vista y el cóctel parece letal.
La Corte
Por una amplia mayoría, la SCJN ha declarado la constitucionalidad de las reformas al Código Penal y Ley de Salud para el Distrito Federal, que despenalizaron el aborto en las primeras 12 semanas de gestación. Coincido con muchas organizaciones que han manifestado su beneplácito por la decisión, considerando que "es la sentencia más importante en la historia respecto al reconocimiento del derecho de las mujeres".