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Opinión  

Publicado el viernes 28 de marzo del 2008

¿Cuál confianza? [Por Rocío Ortega]

Especial Diario La Estrella

Uno es el candidato de la corriente que se hace llamar Nueva Izquierda y el otro de la llamada Izquierda Unida, los dos dicen pugnar por una izquierda fuerte en México, que abogue por las verdaderas causas sociales, pero hasta el momento de escribir este artículo lo único que se dejaba ver tras las elecciones para presidente y delegados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) es que en México estamos bastante lejos de tener una izquierda realmente comprometida y representativa, una izquierda moderna.

Si bien el PRD se ha querido presentar desde sus orígenes como el partido que haga contrapeso a la derecha y en su momento al cacicazgo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en lo personal siempre me ha generado un buen grado de desconfianza el que la mayoría de quienes integraban este partido en sus inicios eran “desertores” del PRI.

No hay que ser simplista y sí reconocer que entre los fundadores del PRD se puede contar a gente valiosa, verdaderamente comprometida con su causa política y quizá convencida de que era posible lograr un cambio en el país, dominado durante 70 años por una dictadura partidista; pero luego, con el tiempo, cuando se fue viendo cómo el PRD se llenaba de todo aquel que sentía que no tenía cabida en el PRI, no por sus ideas o propuestas, sino simplemente porque no le había tocado en ese momento la candidatura que quería, sólo bastaba que brincara al PRD y con seguridad era nombrado candidato y hasta llegaba a ganar elecciones (diputados, alcaldes y hasta gobernadores), entonces se empezó a tener la sensación de que éste era un partido de ex priistas resentidos.

Nunca he entendido lo fácil que les resulta a muchos políticos mexicanos cambiar de partido y “adoptar” de la noche a la mañana nuevos principios, estatutos y hasta enarbolar causas que se suponen opuestas, como cuando se han formado coaliciones PRD-PAN (izquierda-derecha) para postular algún candidato conjunto.

Por esta razón es que no entendía cómo es que en 2006 se decía que el país estaba absolutamente dividido entre dos partidos políticos: uno de izquierda y uno de derecha. Tal aseveración nunca me pareció congruente pues, si bien quienes estaban con el PAN en su mayoría tenían claro que es un partido de derecha, no creo que la mayoría de quienes seguían a Andrés Manuel López Obrador (PRD) tuvieran una verdadera conciencia de izquierda. Con todo respeto y sin afán de subestimar al electorado, creo que a la mayoría de los mexicanos aún nos falta mucho para llegar a ser una sociedad conscientemente politizada, para ser una sociedad politizada con conocimiento de causa y con elementos para enarbolar una postura política, más allá de seguir a tal o cual candidato tan sólo por sus promesas. Esto último es lo que parece estar repitiéndose en estos momentos hacia el interior del PRD, los grupos están votando por un nombre, no por un hombre que planteé las mejores propuestas para el partido y por ende para sus seguidores. Por su parte los candidatos (Alejandro Encinas y Jesús Ortega) no están en lo más mínimo dispuestos a buscar una salida al embrollo en que se ha convertido la elección interna del PRD (viciada, fraudulenta y al más puro estilo priista de antaño, han acusado algunos).

Así pues, ¿cuál confianza en la izquierda mexicana?

Rocío Ortega periodista mexicana. Para comentarios: reportemex@hotmail.com.