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Por años, los medios en Miami han estado rentando espacios en los alrededores de Versalles, el popular restaurante cubano en La Pequeña Habana donde los exiliados se reúnen día y noche para disfrutar de un cafecito cubano, pastelitos y un buen debate político. Si usted quiere conseguir la reacción de cubanoamericanos a cualquier tema desde resultados deportivos hasta acontecimientos políticos, Versalles, el popular restaurante cubano en La Pequeña Habana en Miami, es el lugar. Es allí donde los cubanos celebran, y es allí donde protestan.
Pero el día en que Fidel Castro anunció que no buscaría la reelección como presidente de Cuba y como comandante en jefe, en Versalles parecía haber más periodistas que personas para entrevistar, y los pocos que había no quedaron muy impactados con la noticia.
Los exiliados cubanos han esperando incluso décadas, el momento en que Fidel Castro no gobierne más al país. Millones de dólares e innumerables horas han sido puestos en el esfuerzo de derrocar a Fidel Castro y tumbar su régimen comunista.
Exiliados alrededor del mundo han montado una campaña internacional de cabildeo pidiendo a los países que presionen al gobierno cubano para hacer cambios democráticos, convocar a elecciones libres, permitir la libertad de expresión y de prensa, liberar a presos políticos, permitir al pueblo cubano viajar al exterior si lo desea, y tener acceso a los mismos privilegios que los turistas que visitan la isla. Pero esos esfuerzos han sido inútiles. Hay quienes piensan que la única manera de que se hagan cambios en Cuba es si Fidel Castro muere. Las circunstancias de su fallecimiento no es lo que preocupa a los cubanos, aunque algunos quisieran que fuera tan dolorosa como el sufrimiento que ellos o de sus familias han tenido que aguantar por casi medio siglo. Lo importante sería que su muerte significara el fin del gobierno comunista.
Muchos pensaron que cuando Fidel muriera o fuera derrocado podrían regresar a su amada tierra. Algunos dejaron atrás sus casas, sus negocios y sus familias creyendo que un día regresarían a recoger lo que habían dejado. Algunos dejaron fortunas, otros el trabajo de toda una vida. Muchos lo único que pudieron llevarse fueron recuerdos. De cualquier manera, el dolor es profundo y las cicatrices más si perdieron un ser querido con la revolución.
El consuelo para muchos exiliados cubanos ha sido pensar que el mismo día en que Fidel muriera ellos tendrían la más grande y extravagante celebración de sus vidas. Y por supuesto las cámaras estarían allí rodando y captando cada segundo de esa celebración. Pero una vez más Fidel les echó a perder la fiesta.
Desde que cayó enfermo en julio del 2006 y entregó el poder a Raúl, los exiliados cubanos han vivido en ansiedad. Fidel no ha sido visto en público y sólo unas pocas imágenes de sus reuniones con jefes de Estado han sido publicadas. Durante meses rumores sobre su muerte han puesto tanto a los exiliados como a los periodistas en alerta. Pero los rumores de su muerte han sido ampliamente exagerados.
Así que es fácil ver por qué la noticia de que Fidel no retoma el poder resultó ser anticlimática. Para los exiliados cubanos no hay razón para celebrar. El fin de su reinado en el poder no produjo los cambios democráticos que ellos anticiparon. La transición de poder no será de una dictadura a un liderazgo democrático sino más de lo mismo. Cuando muera Fidel Cuba seguirá siendo gobernada por un régimen comunista encabezado por otros.
Llámele asesino, dictador, tirano, llámele como quiera, pero Fidel Castro no es estúpido. Aún en su lecho de muerte Castro maniobra con astucia ante sus enemigos en el exilio. Los que esperaban el fin del régimen comunista con la muerte de Fidel Castro o con su renuncia al poder tendrán que seguir esperando.