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FORT WORTH — Ha pasado casi un siglo desde que la calle Hemphill era una importante pero polvorosa vía por donde se arreaban las reses rumbo al sacrificio.
Y más de medio siglo desde que esta arteria vial de cinco carriles era un notable tramo de una larga ruta que unía México con Canadá.
Pero ni la clausura de los corralones, ni la creación en los años 50 del sistema de supercarreteras en el país, que resultó en la construcción de la autopista Interestatal 35W, pudieron restar la importancia económica e histórica que esta calle gozaría en las siguientes décadas.
Hasta que se acabó el dinero.
En la década de los 80 una caída económica en el país forzó el paulatino cierre de decenas de negocios ubicados a lo largo de esta vía.
Residencias y otros edificios que fueron construidos a principios y mediados del siglo pasado quedaron abandonados o fueron destruidos.
Pero años después las organizaciones de residentes del área y la llegada de nuevos inmigrantes, principalmente de México, le han dado a esta arteria vial un renacimiento económico, que se manifiesta con la presencia de anuncios en español para atraer la atención de negocios de comida mexicana, tortillas, venta de coches, una estación de autobuses y otros negocios enfocados a la clientela hispana.
“En los últimos diez años se ha visto un resurgimiento de negocios gracias a una inversión económica para servir a los mexicanos”, dice Fernando Florez, un activista comunitario y presidente de la Hemphill Corridor Taskforce, una organización creada en el año 1993 para responder a los problemas que enfrenta el área.
Otra organización similar es la Fairmonunt South Side Historic District cuyos 300 miembros, junto con otras organizaciones, cabildearon ante el ayuntamiento para cerrar negocios que según ellos eran indeseables.
Una de sus victorias fue la clausura en noviembre de 2007, del hotel Victoria Inn, donde dicen que había presencia de drogas y prostitución.
“Fue una gran victoria que finalmente cerraran este lugar porque era una fuente de crimen”, afirma Patti Randle, presidenta de la Fairmount South Side Historic District.
Pero la unión entre vecinos y organizaciones para atraer inversión no se limita a estas acciones.
Organizadores afirman que el desarrollo económico, la preservación de residencias y edificios históricos y la lucha contra el crimen en esta área, son temas que van de la mano.
“No podemos solamente pensar que abran negocios que podrían ser negativos para nuestros hijos o que atraigan crimen”, afirma Florez.
Negocio candente
En una reciente tarde Juan Jiménez y Óscar Hernández rápidamente preparaban órdenes de tacos en el establecimiento Taquería Juanito’s.
Mientras clientes como Juana Jiménez esperaban, los cocineros cortaban con destreza trozos de carne de puerco para después colocarlos en medio de tortillas calientes con cebolla, cilantro y salsa picante.
Como muchos en México, este negocio en la cuadra 4100 establecido hace ocho años, tiene las paredes interiores decoradas con mosaico de terra cotta, y sus paredes exteriores con pintura llamativa. Al cruzar la calle dos familias esperan el autobús en la pequeña terminal de El Expreso.
La terminal de autobuses y el restaurante están entre las decenas de negocios que atraen a la nueva clientela, la mayoría originarios de México, que han revivido económicamente la calle Hemphill.
“Aunque no queremos cantinas porque para nosotros estos son negocios indeseables, también queremos otros negocios que no sólo sirven a los hispanos, negocios como comida china, steak y otros negocios como bancos y grandes cadenas de supermercados”, afirma Florez, quien es pensionado y cuya organización abarcan alrededor de 1,300 residencias.
“Queremos diversidad”, agregó.
Pero estos negocios relativamente nuevos no son los únicos cuyos propietarios y clientes son para servir a nuevos inmigrantes.
A varias cuadras se encuentra la tintorería C. Martínez, establecida en 1973 por el padre del actual dueño, Roland Martínez, de 52 años.
El señor Martínez es parte de la quinta generación de hispanos con raíces de más de 150 años. Su hermano, Charlie Martínez afirma que su tatarabuelo era parte de los primeros colonizadores de Laredo y más tarde se mudaron al centro de Texas.
“Ésta es una zona que por muchos años ha sido poblada por mexicanos”, dice Charlie Martínez, refiriéndose a residentes mexicoamericanos. Charlie afirma que por años estuvo a cargo de la tintorería de su padre.
Miembros del Streetlife Car Club, quienes los sábados por las noches se reúnen para mostrar los vehículos que han modificado al estilo Low Rider, concuerdan con lo dicho por Martínez.
“Nuestras familias han vivido aquí por muchos años. Ahora damos la bienvenida a los nuevos hermanos de la raza que vienen de México”, dice Fernando Martínez, presidente del club.
Martínez agrega que la llegada de nuevos inmigrantes le ha inyectado una nueva vida a la zona comúnmente conocida como el Corredor de la Calle Hemphill.