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Todos recordamos la primera vez. Igual si se trata de un beso que de un acto terrorista. Hay algo que cambia. No podemos ser los mismos desde el momento preciso en que hacemos o experimentamos algo por primera vez. Y eso es lo que estamos a punto de ver en Estados Unidos.
En las últimas tres semanas he cruzado el país un par de veces y percibo esa maravillosa sensación colectiva de que las cosas no van a ser como antes. Tanto republicanos como demócratas prometen que el cambio viene. Y eso está bien.
Así estamos: A finales de este año pudiera haber 3 millones de familias que han perdido su casa; miles, cada mes, se están quedando sin empleo; el gobierno gasta mucho más de lo que tiene, endeudando a mis hijos y a los tuyos y a los hijos de nuestros hijos; en lugar de una legalización de (inmigrantes) indocumentados, las redadas, como nunca antes, están separando familias y se está deportando, no a terroristas, sino a simples trabajadores; y aunque la violencia ha disminuido un poco en Irak, soldados norteamericanos siguen muriendo en una guerra que comenzó por las razones equivocadas contra un país que no atacó a Estados Unidos. Por esto, George W. Bush es uno de los presidentes más impopulares de la historia moderna.
Ante el terrible panorama anterior, el cambio es buscado y bienvenido. Y no es extraño notar que ambos candidatos presidenciales, el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, se estén peleando por ver quien puede cambiar más a Washington y al país.
Este es un fenómeno típicamente estadounidense. Si bien los latinoamericanos solemos atorarnos en el pasado, el carácter norteamericano está casi siempre conectado al futuro. Y la democracia - la maravillosa democracia - mediante el voto nos permite desechar lo que no sirve y buscar lo nuevo.
El cambio en Estados Unidos viene con una mujer o con un afroamericano. Gane quien gane la presidencia el día 4 de noviembre, se hará historia. Por primera vez habrá un afroamericano como presidente (Obama). O por primera vez habrá una vicepresidenta en la Casa Blanca (Sarah Palin). Y esto es un gran cambio. Acordémonos.
Fue hace apenas 88 años que las mujeres pudieran votar en Estados Unidos. Y son las mujeres quienes le han dado un cambio extraordinario a la actual campaña por la presidencia. Las mujeres blancas estaban apoyando a Obama sobre McCain con una ventaja del 8 por ciento, según una encuesta de la cadena ABC. Pero tras la designación de la gobernadora de Alaska, Palin, como candidata a la vicepresidencia del Partido Republicano, ahora McCain aventaja en un 12 por ciento a Obama entre las mujeres anglosajonas. Este es el factor Palin.
Por eso, cuando el periodista Charlie Gibson le preguntó a Palin si Obama debió haber escogido a la senadora Hillary Clinton como su candidata a la vicepresidencia (y no al senador Joe Biden) ella dijo con una sonrisa: "Creo que él se está arrepintiendo por no haberla escogido".
Curiosamente, el propio Biden acaba de decir algo similar.
"Hillary Clinton está tan calificada, o incluso más calificada que yo, para la vicepresidencia de Estados Unidos", reconoció con humildad el senador, según un reportaje del diario The New York Times. "Francamente, ella pudo haber sido una mejor selección que yo".
Para Obama, ya es demasiado tarde para cambiar su decisión. Sin embargo, él puede hacer historia.
Los afroamericanos han podido votar en Estados Unidos desde 1870. Aunque, en realidad, no fue hasta 1965 que se respetaron sus derechos y se quitaron las condiciones que impedían su plena participación electoral. La elección de Obama significaría un cambio notable en un país que durante casi nueve décadas aceptó la esclavitud y que, aún hoy, batalla en contra de casos de racismo.
Además de romper las barreras que han limitado el poder político de los afroamericanos y las mujeres, Obama y Palin tienen otra cosa en común. Juventud. Obama tiene 47 años de edad y Palin 44. Esto significa un cambio generacional en la política norteamericana. Los dos han crecido con celulares e Internet y globalización.
Para mí, esto es un progreso. El simple hecho que uno de los representantes de dos grupos que han sido históricamente discriminados - mujeres y afroamericanos - pueda llegar a la Casa Blanca es una señal inequívoca de progreso, tolerancia y mayor justicia.
A pesar de que la imagen de Estados Unidos en el exterior se ha deteriorado durante los últimos ocho años y que la vida aquí es cada vez más difícil, confío en la enorme capacidad de este país de reconocer sus errores y reinventarse.
Será refrescante y esperanzador decir el 20 de enero del 2009, cuando tome posesión el nuevo presidente: "Por primera vez... ".