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Publicado el viernes 16 de mayo del 2008

Reseña: Una película tan incisiva como deliciosa

Especial La Estrella En Casa

Con toda la fuerza, pasión y nostalgia que lo caracteriza, el cine italiano en su máxima expresión llega a las pantallas del Metroplex para dar una lección de “séptimo arte” a todo aquel que guste tomarla.

El idealismo vivió una etapa febril entre los seres humanos en la década de los 60.

Los comunistas, fascistas y libertarios del mundo luchaban con fervor por sus creencias, a pesar de sí mismos y de sus familias. La bella propuesta cinematográfica My brother is an only child (Mio Fratello È Figlio Unico) o lo que en español sería Mi hermano es hijo único, del director Daniele Luchetti, presenta aquellos fervientes días con realismo vívido.

La película que causó sensación en los festivales de Cannes y Toronto y cuenta la historia de una familia de la clase trabajadora en un pequeño poblado del sur de Italia, se centra en los vida de los dos hijos varones y su pasión por cambiar radicalmente a la sociedad en la que habitan.

El mayor es el guapo, carismático y adoración de sus padres, Manrico (Riccardo Scarmaccio), él está a favor de las masas y el proletariado por lo que se declara un ferviente comunista. Para Accio, (Elio Germano), el más pequeño de los hijos, la vida no es tan sencilla. Él es el rebelde, el poco amigable. Un joven que no sabe realmente en donde se encuentra su pasión. Sin embargo, desde pequeño busca una idea a la cual entregarse en cuerpo y espíritu; trata la religión y no funciona, así que poco después decide enrolarse al grupo de los fascistas.

Los conflictos en casa no se hacen esperar y pronto llegarán al punto cúspide cuando Accio descubre que ama a Francesca (Diane Fleri), la novia fiel de Manrico. De ahí se desatarán una serie de acontecimientos en los que el amor filial, la pasión por las ideas y el valor de las creencias se harán uno solo sentimiento.

La cinta se basa en el libro Il Fasciocommunista de Antonio Pennachi y se adaptó para la pantalla gigante por los aclamados guionistas Sandro Petraglia y Stefano Rulli, responsables de otra de las famosas obras de la cinematografía italiana The Best of Youth (La mejor juventud).

En esta ocasión el toque de Daniele Luchetti (Il Postino) le da a las inconfundibles características que Petraglia y Stefano imprimen en sus guiones un toque de intimidad, creando sin lugar a dudas, una película que se sumará a los clásicos del cine italiano.

Un filme inteligente, emotivo, que transporta y cuenta explicita y acogedoramente la historia de una familia como muchas otras, en tiempos revolucionarios en los que en el pequeño micro mundo del hogar se reescribe la historia política de las naciones.

Con actuaciones impecables y una cinematografía conmovedora, esta historia de hermandad y los conflictos que ella conlleva, enmarcada una época en la que morir por las ideas políticas era cosa de todos los días, es completamente digna de disfrutarse.

Una película tan incisiva como deliciosa acerca de los sueños y las desilusiones de la adolescencia, la pasión de la juventud y la sorpresa del amor inesperado.

Los hermanos que representan las facciones políticas más aguerridas de una nación, no nos dan cátedra en el asunto, pero sí demuestran con nostalgia que los seres humanos son capaces de dar todo por aquello en lo que creen.

La onceava cinta del aclamado director Luchetti, merece tomarse un par de horas de la ajetreada agenda, para dejarse transportar a otros tiempos y lugares, y disfrutar el objetivo máximo del buen cine: contar una historia cautivante para el placer de los espectadores. No se la pierda.